Asumir nuestras tareas históricas

2023-07-07T00:27:12+02:004 de julio, 2023|Documentos|

Asumir nuestras tareas históricas

El movimiento obrero ruso se encuentra actualmente en un período de transición. Su brillante comienzo, cuando se dieron a conocer las organizaciones socialdemócratas obreras de la región occidental […] culminó con la formación del «Partido Obrero Socialdemócrata Ruso». Después de este gran paso adelante, la socialdemocracia rusa parece haber agotado sus fuerzas y retroceder a las viejas formas de trabajo disperso, de aisladas organizaciones locales. El partido no dejó de existir; solamente se replegó en sí mismo, para reunir sus fuerzas y encarar la tarea de unificar a todos los socialdemócratas rusos, en un terreno firme. Realizar esa unificación, elaborar las formas convenientes, dejar de lado definitivamente el fraccionado trabajo localista: tales son las más inmediatas y esenciales tareas de los socialdemócratas rusos.

V.I. Lenin – Nuestra tarea inmediata (1899)

Introducción

Asistimos al fin del ciclo reformista iniciado en 2014 con la irrupción de Podemos en el panorama político electoral.

La desafección general con aquellos que iban a «tomar el cielo por asalto» es un hecho consumado. Esta generación de reformistas que llegó a lo alto de la política surfeando la ola de movilizaciones iniciadas con el 15M y las luchas anti-austeridad se ha demostrado incapaz de dar solución a los anhelos populares que despertaron. Si a ello le añadimos el natural desgaste por la gestión de gobierno de la pandemia COVID, nos encontramos ante una situación de fuerte desmovilización social acompañada por una profunda derechización de todo el panorama político.

La posición de relativa fuerza del reformismo y otras desviaciones derechistas son fruto de la debilidad del movimiento revolucionario. Son nuestras carencias, las del Movimiento Comunista del Estado español (MCEe), las que dejan vacante el espacio político que ocupan estas formaciones políticas reaccionarias. De nada sirve echar balones fuera. Todo depende de nuestra capacidad para superarlas.

La  situación embrionaria del movimiento en general y de nuestra organización en particular, nos ha permitido ver con mayor claridad el desarrollo desigual y la asimetría existente entre las diversas células y organizaciones comunistas del Estado. Nuestra obligación como militantes comunistas es la de realizar la justa autocrítica para tratar de poner enmienda y rectificación a los errores, así como también potenciar los aciertos.

El marco político general

Una de las importantes lecciones que nos deja el marxismo-leninismo es que los periodos revolucionarios se abren durante los ciclos de crisis globales, más que durante los nacionales, y que las condiciones más favorables para la revolución proletaria se dan en los eslabones más débiles de la cadena imperialista.

A nivel internacional nos encontramos en un contexto de crisis sostenida de la acumulación capitalista. La crisis del petróleo de 1973 supuso un punto de inflexión en el modelo de acumulación capitalista a nivel global en favor del mundo de las finanzas sobre el mundo productivo.

Por un lado, el eje productivo internacional se desplaza de Occidente hacia el Sur Global ante las dificultades internas de rentabilizar las inversiones productivas. Por el otro, el capital financiero pasa a un nuevo paradigma en el que se busca esquivar las complicaciones de la producción a través de la inversión en los mercados de deuda soberana, de tipos de cambio, etc., y que por tanto permanecen relativamente al margen de lo que suceda en la producción de mercancías. Esto es especialmente útil a la hora de obtener ganancias en momentos de estancamiento del sector productivo, pero trae inestabilidad interna debido al aumento de la deuda y de la intensificación del papel del crédito en la economía.

La crisis del 2007 fue el primer aviso de las contradicciones inherentes a este modelo. Pese a todos estos intentos del capital por sobrevivir gracias a ganancias financieras, no se ha terminado con la sobrecapacidad productiva que no termina de colapsar. Debido a esto, no se produce una destrucción de capital suficiente como para reiniciar los ciclos de la tasa de ganancia, llevando a un estado de cronificación de las crisis, que pasan a ser el estado habitual de la economía.

En ese sentido, el COVID no hizo más que acelerar una crisis que ya se estaba gestando. El miedo de la clase dominante a un derrumbe económico y social llevó a recuperar un «keynesianismo de guerra» con grandes planes de inversión estatal para reactivar la demanda agregada e incentivar la inversión de capital, dejando temporalmente aparcadas las políticas de austeridad. Es este contexto el que explica que se adoptaran medidas como el Salario Mínimo Vital, las fuertes inversiones públicas del Estado francés en el sector aeroespacial o la reciente nacionalización del sector del gas por el gobierno alemán [1].

Pero si bien para la oligarquía financiera estas medidas se centran en intentar mantener a un sector de la clase obrera aburguesada con capacidad de consumo, la realidad del proletariado es muy diferente: se enfrenta a un empobrecimiento no sólo relativo, sino también absoluto. A esto se suma un golpe de mano de la política económica europea, por el cual las políticas expansivas del periodo pandémico se han terminado y el porvenir es nuevamente de austeridad.

En el plano político, nuestros enemigos directos —la oligarquía imperialista y sus aparatos de dominación: el Estado español, la UE y la OTAN— no han salido indemnes de la pasada crisis. Algunas contradicciones han sido aparcadas, como la deslegitimación del proceso electoral y el parlamentarismo burgués o el sometimiento a los intereses del capital financiero. Sin embargo, otras siguen abiertas; contradicciones que están esperando a explotar y que debilitan al sistema.

A nivel europeo la intervención en la política nacional griega puso al descubierto el carácter vacilante de la pequeña burguesía y la labor de quinta columna de la coalición SYRIZA —donde participan eminencias del izquierdismo comunista internacional— que demostró al mundo entero el papel claudicador de la estrategia «posibilista». También demostró los límites de una estrategia basada en el sindicalismo como las polémicas intervenciones del KKE, limitando su lucha en lo económico y ejerciendo a veces literalmente de cinturón de seguridad del Estado.

En el otro lado de la balanza ideológica, encontramos la alternativa de la derecha radical. Una nueva derecha de orden que exalta un nacionalismo reaccionario donde el Estado asume un eje central en la economía y la militarización de la sociedad civil para asegurar la producción en condiciones de excepción.

Esto abre un nuevo ciclo de intensificación de la lucha de clases, un escenario cualitativamente distinto donde el proletariado sigue sin contar con su Estado mayor: un Partido Comunista con línea revolucionaria, o si se prefiere, la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero.

El estado de la conciencia revolucionaria.

El leninismo, más vigente que nunca

De la misma forma que decimos que la crisis económica no se va a dar en las mismas condiciones que en el 2007, dado que ni es exactamente igual ni parte del mismo punto, lo mismo ocurre en la lucha de clases. Debemos tener en cuenta tanto la experiencia subjetiva de las masas como la de las organizaciones revolucionarias.

Frente «al fin de la historia» y la «desaparición subjetiva» de las clases sociales, o el obrerismo campante que defiende haberse perdido la «identidad obrera» [2]

bajo la sombra de la diversidad, nos encontramos en un periodo de recuperación de la conciencia de clase por parte de amplios sectores del proletariado. El interés por las experiencias revolucionarias históricas —hasta hace poco denostadas en el seno de las organizaciones pretendidamente revolucionarias— es mucho mayor hoy que en 2007. Esta simpatía hacia las figuras de la revolución ha generado un clima más favorable a que nuevas generaciones revolucionarias traten de tomarse en serio las tareas de las y los comunistas, así como una mayor predisposición a la difusión de la teoría revolucionaria entre las masas.

El ejemplo más clarificador es la «recuperación» de la terminología del m-l por parte del revisionismo eurocomunista. Esto no quiere decir que el PCE haya roto con dicho revisionismo, sino que certifica que no ha tenido más remedio que plegarse a la fraseología revolucionaria para no extinguirse. La ideología burguesa seguirá teniendo a buen recaudo la citada organización. Sin embargo, los procesos de ruptura ideológica se irán acelerando con cada vez más calidad. Y es este punto de calidad frente a la cantidad dónde se marca el punto de inflexión y el aspecto diferenciador respecto a los procesos de ruptura que venían dándose en el entorno del PCE en los últimos años.

Continúa el sectarismo de pequeña organización 

Partimos de dos premisas:

  1. Sigue sin haber un Partido Comunista (PC)  con línea revolucionaria en el Estado español. Por lo tanto, tampoco existe un movimiento  de  masas  revolucionario,  ni  éste  se  puede desarrollar al margen de la existencia del Partido.
  2. No existe una línea, ni siquiera incipiente, que a través de su autodesarrollo pueda dar un salto cualitativo para fusionar las masas con la vanguardia. De ser nosotros esa línea, nuestro foco sería el autodesarrollo. De ser otra dicha línea, deberíamos ingresar y autodesarrollarla.

Entroncando con la segunda premisa, esto requiere reconocer que existen numerosas organizaciones en el seno del proletariado organizadas en torno a las ideas de Marx, Engels, Lenin, etc., y a su vez enlazadas en mayor o menor medida con las masas. Además de su debilidad relativa, la dispersión ideológica impide que se trace, no ya una estrategia revolucionaria, si no ni siquiera «un plan sistemático de actividad basado en principios firmes y aplicado rigurosamente» [3], esto es, la táctica.

La experiencia política pre y post 15M contribuyó a certificar que la «unidad» del tipo «frente de izquierdas» (unidad práctica sin unidad ideológica) de diferentes destacamentos comunistas incapacita de facto cualquier pretensión de «revolucionar» los movimientos de masas.

La mayoría de los destacamentos comunistas interpretaron de forma mecanicista la necesidad de la recuperación del sindicalismo de clase como principal tarea de los comunistas como paso previo a las tareas de «revolucionar» los movimientos de masas. Esta interpretación es, a nuestro juicio, errónea. Podemos anticipar que la línea revolucionaria no pasará por recuperar el sindicalismo de clase con nuevas o viejas estructuras, sino por educar políticamente a las masas e intervenir con ellas en sus estructuras en función de dónde estuvieran las mismas.

La historia de la lucha de clases nos demuestra que el proletariado tiene muchas organizaciones y que la tarea del Partido es servir de punto de unión con ellas a través de los miembros más avanzados de las mismas, que a su vez deben ser miembros del Partido. «Poner todos los huevos en la misma cesta» es una aplicación mecanicista del leninismo que hoy sigue siendo mayoritariamente adoptada en el seno del MCEe.

En el otro extremo, el desprecio a la capacidad de las masas por organizarse «en rebelión» en defensa de sus intereses de forma instintiva, no sólo como mera supervivencia económica, sino como defensa objetiva de sus intereses políticos como clase, es negar la historia de la lucha de clases. La diferencia radica en que para transformar la «rebelión» en «revolución» en el sentido m-l de la palabra, necesitamos un PC de línea revolucionaria que, como hemos manifestado, tenga ligazón con dichos movimientos (no los crea «el Partido» por decreto). Es la labor práctica del cuadro revolucionario la que convierte al conjunto de organizaciones de clase en algo más que la suma de sus partes.

Todo proceso espontáneo de lucha acaba siendo reconducido por los intereses políticos de la pequeña o de la gran burguesía por la inexistencia de un PC con línea revolucionaria.No basta con constatarlo, es necesario actuar en consecuencia en esta situación. Mantener las organizaciones de vanguardia separadas de la lucha de clases significa renunciar a la tarea histórica de los y las revolucionarias, es decir, a transformar la realidad para generar unas condiciones favorables para la revolución.

Nuestras tareas inmediatas

Todos estamos de acuerdo en que nuestra tarea es organizar la lucha de clases del proletariado. «Pero ¿qué es la lucha  de clases?  Cuando los  obreros de  una determinada fábrica, de un  gremio  determinado, inician una  lucha contra su  patrono, o  sus  patronos, ¿es eso lucha de clases? No; eso es tan sólo  un  débil  comienzo. La  lucha  de los  obreros se convierte en lucha de clases, sólo cuando los representantes de vanguardia de toda la  clase obrera de un país tienen conciencia de la unidad de la clase obrera y emprenden la lucha, no contra un patrono aislado, sino contra toda la clase capitalista y contra el gobierno que apoya a esa clase. […]

La tarea de  los  socialdemócratas consiste, precisamente, en  transformar, por  medio de la propaganda, la agitación y la organización de los obreros, esa lucha espontánea contra sus opresores, en una lucha de toda la  clase, en  la  lucha  de un Partido político  determinado, por ideales políticos y socialistas definidos. Semejante tarea no puede lograrse solamente con un trabajo local.

Lenin, Nuestra tarea inmediata (1899)

El Partido actúa como el elemento fundamental que conecta a los diferentes individuos con la historia, el que conecta a la clase con su propia conciencia e historia política, el que sostiene la experiencia acumulada del movimiento de clase del proletariado. Y a su vez, no es un simple cronista, sino que a partir de lo dado, de los proletarios y proletarias de hoy, y a través de la experiencia parcial de su lucha y de las experiencias más avanzadas de su historia, es capaz de elevarse, de romper la simple continuidad histórica y ser creador de algo nuevo.

El revolucionario profesional

La tarea principal de la vanguardia es elevar el nivel de conciencia de la clase. De hecho, Lenin habla de cómo serán las propias masas las que irán promocionando más y más revolucionarios profesionales en esa unidad del Partido con la clase. Cuando las propias masas experimentan a través de su práctica política la justeza de la línea revolucionaria y orientación general del Partido, se alcanza la verdadera forma de elevar la conciencia de clase del proletariado. Es justamente el proletariado la clase que tiene capacidad de tomar conciencia de que son sus intereses históricos los llamados a la liberación de la humanidad. Una vez desarrollada las bases de la doctrina marxista, el proletariado no requiere de otras clases ajenas para dirigir su camino en la historia.

Lenin define primeramente al revolucionario como «indisolublemente unido con la organización del proletariado que se ha hecho consciente de sus intereses de clase». Esta primera perspectiva de las tareas del revolucionario profesional como un experto conspirador ha tomado varias desviaciones a lo largo de la historia.

Por un lado, la percepción unilateral del revolucionario como puro conspirador que es poseedor de una conciencia de clase acabada y que, por ende, es capaz de llegar a la línea revolucionaria al margen de la lucha de clases. Estos revolucionarios aislados sólo requerirían de las masas en el momento final, cuando la vanguardia decida lanzarse al enfrentamiento.

Por otro lado, existe también la percepción unilateral del revolucionario leninista como democratista de izquierda que, fundido en las organizaciones de la clase, termina olvidando sus tareas de experto organizador y conspirador. En este supuesto, solo sería necesario seguir a las masas allá a dónde se dirijan, como si las masas se dirigiesen en todo momento a la revolución sin la intervención consciente de los revolucionarios y revolucionarias.

Tareas pre-partidarias

Nos encontramos en un momento de dispersión de los cuadros revolucionarios tanto a nivel organizativo como a nivel ideológico.

Stalin, en los distintos textos en los que desarrolla la historia del Partido Comunista Bolchevique, establece una primera etapa en la que primeramente los esfuerzos se dedicaron a «la organización del núcleo fundamental». En este proceso prima la formación y preparación de los «militantes del movimiento proletario»: los cuadros para el futuro Partido. En estos momentos, la estructuración de los elementos de vanguardia en formas pre-partidarias es determinante. Unificarlos en torno a una línea común en construcción, lograr la cohesión interna, la disciplina y la capacidad de acción de masas necesaria para conformar las bases de un Partido Comunista con línea revolucionaria. «Ante todo, la calidad; luego, la cantidad».

En estos primeros momentos de formación del Partido, nuestros números son limitados, nuestros cuadros están aún en formación y nuestros vínculos con los millones de obreros del Estado son muy endebles. Por lo tanto, nuestras tareas se dirigen a conquistar para el comunismo a la vanguardia del proletariado con la propaganda como forma fundamental de trabajo.

Nos aproximaremos progresivamente al momento de la amplia lucha de masas. En dicho momento tendremos que «conquistar para la vanguardia a las vastas masas de los obreros y, en general, de los trabajadores (conducir las masas a las posiciones de combate). Forma fundamental de trabajo: las acciones prácticas de las masas como preludio de los combates decisivos».

En este periodo de creación del Partido, Stalin habla de tareas encaminadas a la línea de masas, aunque ésta aún sea limitada. Sin embargo, queremos recalcar que la cuestión de la línea de masas —bajo la estrategia principal de creación de un Partido Comunista— no es solo una cuestión táctica. El problema de la relación entre el MCEe y las masas no solo es un problema de estilo de trabajo: existen cuestiones fundamentales a nivel estratégico sobre cómo esta línea de masas contribuye a «formar cuadros y crear el Partido Comunista». Si solo hubiese un problema en el trabajo de masas, significaría que la línea ideológica está resuelta y que no hay que trabajar en la unificación de los comunistas bajo una línea y estrategia comunes. Esta desviación en el fondo se conecta con destacamentos que de forma más o menos consciente se considerarán semilla de Partido en la práctica y que por tanto las tareas estratégicas han sido resueltas en su seno. Sin embargo, la pregunta sigue abierta, ¿cómo se unifica a la vanguardia del Estado?

Tampoco es un problema exclusivamente de línea político-ideológica a nivel estratégico. Cada vez somos más y más destacamentos los que analizamos adecuadamente la ausencia de referente revolucionario y la necesidad de trabajar por la reconstitución del PC. Si solo se apunta a la línea política, se considera que es posible desarrollar un análisis adecuado de situación y una correcta formación y promoción de cuadros al margen de la situación concreta de la lucha de clases. Surgen además desviaciones izquierdistas en las que la táctica no es ningún problema que resolver. Desde este paradigma, las conexiones de la vanguardia con el movimiento proletario surgen de forma espontánea y natural. De este modo se pretende unificar a una vanguardia sin viso alguno de avanzar hacia la unificación de la clase.

Para nosotros y nosotras ninguno de estos dos planteamientos logra superar una perspectiva unilateral y ahonda en la disociación entre teoría y práctica, plasmándose en una fractura entre estrategia y táctica. Una organización revolucionaria sin línea de masas imposibilita que sus cuadros puedan crecer entre las masas, entrenándose como auténticos revolucionarios y promocionando a los elementos más avanzados del movimiento a las filas de la revolución. No debemos olvidar tampoco que la historia no solo la hacen los comunistas y que nuestra ausencia en la historia de la lucha de clases puede conllevar décadas de retrocesos. Cuando se insinúa que la historia del día a día la hacen las masas sin dirección y que los revolucionarios sólo aparecen en el momento decisivo se cae en un desconocimiento total de la evolución histórica real en la que los retrocesos históricos son tan reales como las revoluciones.

La línea de masas

Aunque hoy todavía no nos dirigimos a millones de obreros sino a unos pocos cientos o miles, la línea de masas es una de las patas que sostiene el camino hacia la construcción del Partido al dar lugar a la unidad de acción sobre la que se desarrolla la lucha ideológica. Esta lucha conduce a una nueva unidad sobre bases ideológicas más avanzadas, la cual nos permite continuar la crucial tarea de formar y promocionar cuadros revolucionarios. También nos permite avanzar hacia el programa revolucionario a partir de la estrategia común, perfilar la táctica que expande las bases del poder obrero, etc. A nivel de unidad con respecto a la clase, la línea de masas nos permite crear los vínculos entre vanguardia y masas que anticipan la futura estructura partidaria, ampliando nuestro círculo de influencia. A la hora de perfilar la táctica en nuestro día a día, primero debemos preguntarnos qué y qué no es un espacio de masas. Debemos eliminar toda idea preconcebida. Un espacio de masas no es «donde haya gente», por mucha extracción obrera que tenga, ya que esto es basarnos en un criterio cuantitativo. Tampoco es un espacio de masas los espacios con ideas aparentemente muy avanzadas, radicales pequeñoburgueses o con pomposa retórica m-l.

La clave es entender el nivel de importancia estratégica de dicho espacio en cuanto a la lucha general de las masas. Para la revolución es más importante tener células comunistas vinculadas a espacios estratégicos —como pueda ser núcleos urbanos dinámicos, centros estratégicos con capacidad de arrastre en las masas (la minería, los astilleros, logística, la sanidad) o que sirvan de combate estructurado contra los envites del capital, como la lucha contra los desahucios— que células vinculadas a las modas activistas o a pequeños sectores poco influyentes. Hay que entender la capacidad de arrastre de dichos sectores a la lucha de clases a nivel regional, estatal e internacional. La relevancia estratégica no la determina el grado de combatividad aparente.

En los próximos años van a surgir multitud de frentes, plataformas, asociaciones, grupos y conflictos. Debemos tener claro nuestro papel en los mismos, no pretender estar en todo ni dejar pasar todos los trenes, pero lo que no podemos tampoco aspirar es a una concepción burocrática de la organización en la que cada militante esté esperando órdenes u orientación. Todos y cada uno de los pasos que demos deben orientarse hacia la construcción del Partido, todos y cada uno de los pasos que demos deben ir orientados a fusionar el movimiento de masas con la ideología revolucionaria. Estudiar y poner en práctica el m-l, aprender de la capacidad creadora de las masas y su ímpetu de lucha.

La agitación y la propaganda

Lenin unificó los círculos marxistas de Petrogrado a través de la práctica de «Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera». Propuso pasar de dedicarse a tareas centradas en la propaganda para los obreros más avanzados, a asumir las tareas de agitación política entre las grandes masas. Es la demostración efectiva de su práctica la que aglutina el resto de los círculos marxistas de Petrogrado primero y de la que se van formando secciones en toda Rusia después.

De esto extraemos tres cuestiones fundamentales:

  1. El cuadro revolucionario debe ser capaz de utilizar la propaganda para elevar el nivel de conciencia del conjunto del movimiento Comunista. La teoría revolucionaria del m-l como guía para la acción. Esto requiere de la formación individual y colectiva en los principios del m-l. La organización debe dotarse de más y mejores propagandistas.
  2. A su vez, debe ser capaz de hacer sencillos los conceptos más difíciles, de sintetizar la comprensión de las leyes que rigen el mundo a las necesidades de las masas, de saber vincular cada una de las problemáticas concretas que nos afectan a la clase obrera con el marco general del Imperialismo. Unir todas y cada una de las calamidades del Capitalismo a la inevitabilidad y necesidad histórica de la revolución. La organización debe dotarse de más y mejores agitadores.
  3. Nos encontramos en un momento de transición en el que aún quedan abiertas ambas tareas. Las de propaganda, la lucha ideológica para la unificación de los distintos núcleos y organizaciones pre-partidistas, por un lado, y el desarrollo de una agitación y línea de masas que promueva vínculos con la clase para superar el estado actual de las cosas, por el otro.

Somos conscientes de que la línea de masas en el momento actual es mucho más limitada que en el momento partidista, pero es nuestra capacidad para organizarnos como vanguardia y actuar como tal dentro de nuestra clase la que permitirá superar las diferentes etapas para la reconstitución del Partido Comunista.

El cuadro revolucionario

Como ya hemos ido anticipando, la base principal para la construcción de una organización revolucionaria es el cuadro revolucionario. El cuadro revolucionario es aquel que puede analizar la coyuntura por sí mismo y puede adoptar políticas de acuerdo con la situación. Son precisamente los momentos en los que se recrudecen las luchas cuando más rápido se forjan los cuadros, siendo los periodos revolucionarios las verdaderas escuelas de la revolución.

Debemos imbuirnos en ese espíritu de autocrítica que nos permita desarrollar las herramientas y conocimientos necesarios para afrontar este periodo con éxito. No podemos esperar a cuando más se nos necesita para comenzar a formarnos, el camino tiene que empezar mucho antes.

Debemos desarrollar nuestro proceso de formación ligado a la práctica, así como debemos plantearnos nuestras necesidades formativas en función de esta. Esto no quiere decir que toda la práctica gire en torno al trabajo de masas, ya que parte de nuestra práctica debe girar en torno a la organización, al desarrollo ideológico y a la definición del programa político.

Pongamos un ejemplo histórico. Lenin entendía el periódico no sólo como un medio de difusión de las ideas revolucionarias, sino en cuanto a un aparato de organización colectiva básico para sentar las bases de la concepción leninista de partido. En un entorno de trabajo clandestino, las y los revolucionarios tenían que forjarse en rígida disciplina para articular la logística necesaria para la producción y distribución de un periódico en un país tan extenso como la Rusia zarista. El cuadro revolucionario, en el proceso de realizar estas tareas en tal situación, recibe un aprendizaje que trasciende en gran medida el mero trabajo técnico que necesita un periódico.

Debemos preguntarnos si somos capaces de desenvolvernos en solitario en cualquier espacio de masas, si somos capaces de generar núcleos de influencia, de educar políticamente a las masas, si somos capaces de relacionar todas y cada una de las problemáticas particulares con el problema general del capitalismo y con la necesidad de la revolución. En el escenario pre-partidario en el que nos encontramos, no se trata de llegar a una asamblea y dar un discurso en el que cientos nos aplaudan, ni tampoco de que nos sigan con determinación a donde nosotros/as queramos. Estamos hablando de conseguir que un puñado de personas estén bajo nuestra influencia y estén dispuestas a aprender, a ser educadas políticamente, a pasar a formar parte de la estrategia de la revolución, a ejercer de ligazón con las masas.

Es decir, un cuadro revolucionario debería ser capaz de encontrar un espacio de masas donde poder ejercer influencia para formar una célula que trabaje activamente en dicho frente a favor de la revolución. Si consideramos que no estamos preparados, la siguiente pregunta debe ser ¿qué competencias necesito desarrollar para estarlo? y ¿cómo hacerlo? Es precisamente en aspectos concretos como éste cuando queremos poner el acento en la calidad versus en la cantidad. Nuestra praxis debe forzar un proceso de agrupación de cuadros de las distintas organizaciones, tal y como hizo Lenin con «Unidad y Lucha». La unificación de dichos cuadros es nuestra tarea principal, y para completarla no sirve caer en concepciones históricamente demostradas como erróneas como la de «ganar» militantes de aquella u otra organización. Recordaba Engels, al calor de la lucha en el seno de la I Internacional, «[…]Nuestra opinión, confirmada por una larga experiencia, es que una buena táctica de propaganda no debe proponerse arrebatar aquí y allí al adversario algunos militantes aislados o algunos grupos de militantes, sino influenciar a las grandes masas que todavía no se han incorporado al movimiento. Un solo individuo arrancado por nosotros a la masa virgen vale más que diez tránsfugas lassalleanos[…]» [4]. Suscribimos estas palabras. Consideramos imprescindible contribuir a crear espacios donde las y los comunistas tengamos que resolver problemas prácticos que posibiliten la lucha teórica y el avance conjunto entre organizaciones.

Reconstituir el Partido Comunista

Aspiramos a forjar una organización que sea capaz de afrontar las tareas revolucionarias en un marco geográfico más amplio, con mayor capacidad de llegar a los núcleos estratégicos. Una organización con capacidad de desarrollar y materializar un primer paso de ligazón real entre vanguardia y masas, así como de asumir la tarea de ejercer de centro de gravedad para la unidad ideológica en el movimiento comunista. Una organización que elabore una propuesta revolucionaria con mayor capacidad para desenmascarar y aplastar las posiciones del revisionismo y el oportunismo que siguen siendo hegemónicas dentro del MCEe. Una organización con capacidad de influir en la lucha de clases de forma decisiva a la hora de afrontar de forma real el debate «reforma o revolución» y el «socialismo o barbarie». En definitiva, una organización como la «Unidad y Lucha» de Lenin que siente los criterios a través de su ejemplo para la unidad ideológica de las y los revolucionarios y unifique todos los «círculos» comunistas con ligazón con las masas.

Para ello debemos contribuir a crear espacios donde las y los comunistas tengamos que resolver problemas prácticos que posibiliten la lucha teórica y el avance conjunto entre organizaciones. En algunos, donde haya coincidencia geográfica, dicho trabajo conjunto puede circunscribirse en discutir líneas de intervención en determinados espacios.

En otros, donde no haya coincidencia geográfica, debemos estar abiertos a tareas de tipo organizativo y propagandístico. Por ejemplo, con la elaboración de un determinado texto o publicación, la preparación conjunta de encuentros y trabajos de otro tipo.

Es necesario que reflexionemos sobre lo que tenemos ahora mismo cada organización por separado y sobre lo que nos gustaría desarrollar. Darnos cuenta de que no basta con crecer en militancia. Para desarrollar determinados órganos, para disponer de determinadas organizaciones ligadas a las masas, necesitamos dar un salto cualitativo al que difícilmente se pueda llegar por el autodesarrollo interno de cada una de las mismas.

Esperamos que esta hoja de ruta pueda servir como herramienta política para los comunistas no organizados en el Estado y las organizaciones que reconocen la reconstitución como el problema estratégico primero. Se hace necesario el saber renunciar a lo superfluo y centrar el debate en los principios. Hacerlos irrenunciables para clarificar el debate y extender como la pólvora el camino de la revolución.

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