
El pasado jueves, 20 de febrero, Pedro Sánchez anunciaba en su perfil en la red social X su viaje a Kiev, programado para el lunes 24 de febrero. Esta fecha coincide con el tercer aniversario del inicio de la así llamada «Operación Militar Especial» ejecutada por el gobierno de la Federación de Rusia en suelo ucraniano. El anuncio de Sánchez se produce en medio de las tensiones generadas por las recientes negociaciones entre las administraciones de Donald Trump y Vladimir Putin, producidas al margen de la Unión Europea (UE) y el gobierno ucraniano. El jefe del ejecutivo español afirma en su publicación que el fin de su visita a Kiev es «reafirmar el apoyo de España a la democracia ucraniana y al presidente Zelensky». Sánchez terminaba su post con un «Slava Ukraini» (Gloria a Ucrania), un saludo acuñado y utilizado durante la Segunda Guerra Mundial por los nacionalistas ucranianos que colaboraron con el ejército nazi, llevando a cabo numerosas matanzas contra la población civil de la República Socialista Soviética de Ucrania. Quizás, Sánchez no tenga ni idea de los orígenes del saludo que ha utilizado. Pero, de manera consciente o no, se ha sumado a la última moda de algunos personajes públicos de realizar saludos fascistas.
Entre medidas tangibles, Sánchez ha anunciado desde Kiev un nuevo paquete de ayuda de mil millones de euros que se suman a la transferencia del mismo valor realizada en 2024, ayudas que se enmarcan en un acuerdo a 10 años para la defensa y reconstrucción de Ucrania. Poco más se sabe acerca de este dinero y es difícil seguir su rastro. Ni las autoridades españolas, ni las ucranianas parecen estar por la labor de hacer un ejercicio de transparencia y revelar a qué concretamente irá destinado. ¿Las cuentas de quién se verán engrosadas con esos millones de euros? Está claro que acabarán en las carteras de algunos magnates de la industria militar que están haciendo negocio con esta guerra. Siempre hubo clases. Una clase ve aumentar sus beneficios y la otra es reducida a poco más que la carne de cañón.
Esta realidad se maquilla con los discursos grandilocuentes sobre la defensa de los valores democráticos. Pero, ¿qué tipo de «democracia» va a defender Sánchez en nombre del pueblo español? Vamos a analizarlo según las tres vertientes de las que suelen presumir las democracias liberales: la libertad de asociación política, la libertad de prensa y el sistema electoral.
La libertad de asociación política.
La ola de ilegalizaciones de diferentes organizaciones y partidos políticos empezó en Ucrania tras el golpe de estado de Euromaidan en el año 2014. El Partido Comunista de Ucrania, la cuarta fuerza parlamentaria según los resultados de los comicios del 2012, fue uno de los primeros grandes partidos ilegalizados. Pero no el último. La lista es larga y abarca, al menos, once partidos políticos. Entre ellos el Partido de la Regiones del derrocado presidente V. Yanukovich, Bloque de Oposición, Partido Socialista de Ucrania, Partido Progresista Socialista de Ucrania, Fuerzas de Izquierda, etc. El presidente Zelensky continuó la tendencia. Su gobierno siguió el camino de persecuciones e ilegalizaciones. Una de las más sonadas fue la ilegalización en el año 2022 del recién creado partido del periodista ucraniano independiente Anatoliy Shariy. Se trata de una personalidad de renombre y su joven organización consiguió buenos resultados electorales en las últimas elecciones locales antes de ser ilegalizada.
De toda esta lista, a Pedro Sánchez podría interesarle especialmente el Partido Socialista de Ucrania, ya que perteneció a la Internacional Socialista de la que el mandatario español es el actual presidente. Este partido se constituyó en el año 1991 y llegó a ser la tercera fuerza parlamentaria, formando parte de diferentes gobiernos ucranianos. La persecución contra el partido, iniciada en el 2014, redujo significativamente su actividad. No obstante, el régimen ucraniano, no contento con eso, optó por asesinar a su presidente, Ilia Kiva, en 2023. Un asesinato que las fuerzas de seguridad ucraniana no escondieron.
La censura de los medios de comunicación
Igual que en el caso de los partidos políticos, los ataques a la libertad de prensa en Ucrania comenzaron tras el golpe de estado del 2014. Durante la trayectoria de Zelensky fueron especialmente sonados los casos del cierre de las cadenas «112 Ukraina» y «NewsOne». Fueron llamativos debido a que ambas cadenas fueron ciertamente favorables a Zelensky durante su campaña electoral. Hecho que no les salvó de la censura de éste una vez alcanzado el poder.
Para acallar los medios de comunicación en Ucrania se utilizaban tanto herramientas legales, como ilegales. A los casos de restricciones, retiradas de licencias y contratos publicitarios, se sumaba la acción de grupos nazis paramilitares que ejercían «presión» sobre los medios tachados de pro-rusos. Un ejemplo fue la quema de las oficinas de una de las más importantes cadenas ucranianas, «Inter», en el año 2016. Como resultado, ahora han quedado tan solo aquellos medios subvencionados por Occidente o por la Administración Presidencial de Zelensky, y los que están en propiedad de los oligarcas ucranianos pro-régimen. El caso más famoso es la cadena «1+1» en manos de Ihor Kalamoisky, un oligarca tremendamente poderoso que está detrás de la creación del partido de Zelensky y que financió toda su campaña electoral. Este hecho es de sobra conocido en Ucrania, pero no así en Occidente. Una de las personas que contribuyó a la difusión de esta información para el público occidental fue el periodista chileno-estadounidense Gonzalo Lira. Este fue asesinado por los servicios de seguridad ucranianos en enero del 2024. Por supuesto, no fue el único. Entre otros casos sonados encontramos el caso del periodista y escritor Oles Buzina, tiroteado en plena calle de Kiev en 2015. El mismo destino corrió en el año 2016 el periodista Pavel Sheremet, asesinado con un coche bomba. Ninguno de estos casos llegó a resolverse.
Es de suponer que las vidas de estas personas pueden darle igual a Pedro Sánchez. No obstante, hubo otro caso que sí le pilla más cerca. Concretamente, dos tentativas de asesinato contra el ya mencionado periodista ucraniano Anatoliy Shariy. A diferencia de otros, este periodista no se encontraba en territorio ucraniano, sino en Tarragona donde lleva varios años viviendo debido a la persecución de los sucesivos gobiernos de Ucrania. La casa de su familia, primero, fue atacada con cócteles molotov y, unos meses después, fue víctima de un ataque con armas de fuego en plena calle de un pueblo de Catalunya. El periodista denunció diversas negligencias por parte de la policía española en la investigación de estos casos. A día de hoy, siguen sin resolverse y constituyen un claro ejemplo de atentados cometidos por razones políticas en el suelo europeo.
Elecciones
Los últimos procesos electorales celebrados en Ucrania fueron las elecciones presidenciales y parlamentarias en el 2019, así como las elecciones locales en 2020. En aquellos comicios, Zelensky y su partido ganaron importantes cotas de poder. Cabe destacar que sus promesas electorales fueron sistemáticamente incumplidas. El proyecto de Zelensky se presentaba como un soplo de aire fresco, prometiendo traer la paz en el Este del país, poner fin a los ataques a la prensa y las restricciones lingüísticas para la población rusoparlante. Todo esto se acompañó con las típicas promesas de luchar contra la corrupción y mejorar el nivel de vida de la población.
Muchos votantes resultaron favorables a ese discurso. El partido de Zelensky logró la mayoría absoluta en el parlamento ucraniano y él mismo, en las elecciones presidenciales del mismo año, obtuvo un 30% de los votos en la primera vuelta y un 73% en la segunda. Por contextualizar, hay que decir que su adversario en la segunda vuelta fue el ex-presidente Petro Poroshenko, cuya popularidad fue muy escasa debido a los cuatro años de una presidencia atravesada por la guerra en Donbass, casos de corrupción y represión. Por lo que el voto a favor de Zelensky se podía leer como un voto en contra de Poroshenko y de toda la antigua clase política en general.
Las promesas del equipo de Zelensky, como se puede observar, quedaron en agua de borrajas y la popularidad del presidente de Ucrania hoy en día está por los suelos. Para más inri, tanto el mandato presidencial como los mandatos parlamentarios expiraron en 2023-2024. El país tenía que atravesar unas nuevas elecciones el año pasado, pero esto no ocurrió ya que Zelensky se niega a convocar nuevos comicios, escudándose en la guerra.
Es innegable que la celebración de las elecciones en Ucrania no sería un proceso sencillo debido a la situación actual del país. Sin embargo, el principal escollo no es la guerra, sino el interés de las élites en mantenerse en el poder.
Intereses políticos
Ha sido la administración de Donald Trump quien ha puesto sobre la mesa el debate en torno a unas nuevas elecciones en Ucrania. Sin embargo, esta no es la cuestión principal que preocupa al gobierno estadounidense que está más enfocado en obtener el derecho a explotar las tierras raras del país. Por su parte, al gobierno de Rusia tampoco parece preocuparle demasiado la cuestión electoral. Quizás estas posiciones de Washington y Moscú se deban a que, por ahora, no tienen candidatos en Kiev que puedan respaldar sus intereses en Ucrania. A su vez, la cúpula de la UE está cerrando filas en torno a la caduca legitimidad de Zelensky. A esa ola de solidaridad de los líderes europeos es a la que se ha sumado Pedro Sánchez. Evidentemente, no se trata de una solidaridad desinteresada. La UE teme por sus inversiones.
Para entender qué interés económico supone Ucrania hay que remitirse al artículo (https://iniciativacomunista.net/2023/05/15/los-intereses-del-capital-occidental/) traducido por Iniciativa Comunista, escrito por «Frente Obrero de Ucrania» (RFU, por sus siglas en ucraniano), la organización marxista más relevante del país. El original fue publicado en el año 2022 y ya entonces constataba que el 95% de la «ayuda» proporcionada por Occidente fue en forma de créditos y tan solo un 5% eran donaciones. La tendencia se ha mantenido hasta el día de hoy. El país contrajo una enorme deuda con la UE y EEUU. Lógicamente, los inversores están interesados en obtener ganancias o, al menos, recuperar su dinero.
Así que cuando Pedro Sánchez nos habla de la defensa de la democracia ucraniana, a lo que se refiere es a la defensa de las inversiones europeas. Al mandatario español le importa un bledo la situación del pueblo ucraniano, la falta de libertades políticas, los asesinatos de periodistas y la represión que sufren los trabajadores ucranianos y sus organizaciones políticas, como RFU. La guerra es la excusa perfecta de la marioneta de la UE en Kiev. El fin de la guerra supondría la caída de Zelensky y el fin de una excusa perfecta para mantener a raya al sufrido proletariado ucraniano. Sirva este artículo no sólo para destapar los intereses de Pedro Sánchez y la UE, sino también para denunciar la represión sufrida por varios antifascistas ucranianos el pasado 28 de enero. Sus casas fueron allanadas por las fuerzas represivas ucranianas, acusándolos de pertenecer a RFU, situación que la organización denunció en sus redes sociales. Pese a la represión, los marxistas ucranianos siguen operando en el país en condiciones de estricta clandestinidad. Lo mínimo que podemos hacer desde aquí es visibilizar su situación y denunciar el lavado de cara a Zelensky, ejecutado por Pedro Sánchez.