
Una vez más, el imperialismo norteamericano muestra su verdadero rostro terrorista.
Detrás de todos los discursos en defensa de la democracia y los derechos humanos, la esencia depredadora del imperialismo nos ha llevado al mayor periodo de explotación de la historia y dicha explotación sólo puede sostenerse con el mayor nivel de violencia contra la clase trabajadora y los pueblos que se niegan a someter su destino a los intereses del puñado de monopolistas que maneja Washington.
Los bombardeos contra el pueblo venezolano y el secuestro de su presidente junto a su esposa no son más que otro ataque terrorista más de imperialismo norteamericano, como lo lleva haciendo décadas en Gaza, como hizo en Siria, Ucrania, Libia, Irak, Afganistán, Haití, Panamá, Nicaragua, Granada, República Dominicana, Cuba, Somalia, Líbano, Camboya, Corea, Vietnam…
El imperialismo estadounidense está en plena descomposición económica y es por ello que cada vez se vuelve más agresivo, sin importarle arrastrar a la humanidad a una nueva guerra mundial que acabe con la vida de millones de trabajadores en todo el globo.
Las Comunas venezolanas como base de apoyo de la revolución
Actualmente Venezuela cuenta con más 3.600 Comunas distribuidas por todo el país en la que participa aproximadamente el 70% de la población, las cuales incluyen una fuerza miliciana de obreros y obreras armados, las comunas político-administrativas y las económicas. Esta es la verdadera fuerza motriz de la revolución bolivariana y la que ya impidió en el 2002 el golpe de estado con el secuestro del Comandante Hugo Chávez.
Es este y no otro el objetivo a eliminar por los imperialistas. Reventar el nuevo mundo que nace para tratar de prolongar la vida del viejo orden capitalista condenado a una muerte histórica sin importar cuanta muerte, sufrimiento y sometimiento deje a su paso.
El destino de las Comunas venezolanas se dirimirá en función de su nivel de implantación y desarrollo nacional, ahora cabe preguntarnos cuanto tiempo podemos permitirnos ser espectadores de la barbarie terrorista de los imperialistas.
Es urgente que los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo nos tomemos en serio nuestras tareas. Redoblar esfuerzos y no dejar espacio a traidores y derrotistas, dejar de delegar las tareas revolucionarias en el proletariado de otros países y asumir en primera persona el compromiso por la mayor de las causas de la humanidad.
Defender la causa venezolana es defender la causa de la humanidad, sólo deteniendo los planes de los imperialistas podremos sentar las bases de un mundo más justo, libre e igualitario.
Por otra parte asistimos al esperpento en el que ha ido degenerando la democracia burguesa y los organismos internacionales. ¿De qué sirve mostrar el más enérgico desacuerdo desde el Congreso de los EEUU cuando el presidente se salta su propia legislación? ¿De qué sirve llenarse la boca de una retórica a favor de los derechos humanos y los organismos internacionales como modo de resolución de conflictos cuando nunca se acompañan de hechos? ¿Acaso quienes defienden el llamado derecho internacional desde el estrado van a esforzarse por detener y juzgar a todos los criminales de guerra norteamericanos?
El proletariado sólo se tiene así mismo, ningún gobierno llamado «progresista» cuenta con la voluntad y el arrojo para oponerse frontalmente a los planes del imperialismo norteamericano sin que la clase obrera organizada sea capaz de empujarle a ello. Sólo mediante la revolución proletaria podemos evitar que los imperialistas vuelvan a arrastrar al mundo al desastre de la guerra total, sólo mediante la revolución proletaria podemos garantizar una paz duradera para los pueblos del mundo.
Hoy 3 de enero del 2026, el pueblo venezolano nos muestra el camino en defensa de su emancipación. No bajar la cabeza, no dar por perdida ninguna lucha, seguir adelante hasta la victoria final.
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡A barrer con el imperialismo y quienes lo sostienen!
¡Viva la revolución!