Elecciones en Aragón: Toca organizarse

2026-01-28T20:05:54+01:0028 de enero, 2026|Actualidad, Opinión|

El próximo 8 de febrero, se celebrarán elecciones autonómicas en Aragón. Se trata de una convocatoria de elecciones convocada por el PP, por una previsión electoral (según la mayoría de encuestas como RTVE, CIS…) más favorable para ellos, pero sin la previsión de alcanzar una mayoría para librarse de compartir gobierno con VOX, donde volver a quedar rehenes de su socio más ultra para la aprobación de presupuestos.

En este tiempo que nos ha tocado vivir, la referencia de un proyecto ilusionante y de ruptura para la clase obrera sigue sin construirse y la mayoría de las referencias electorales de “la izquierda”, han pasado de pregonar como objetivo la lucha por el poder político para pasar a ser unos gestores más amables del capital, actuando como sostén del PSOE como “freno antifascista”.

Estos grupos a la izquierda del PSOE, a saber, Sumar/IU, CHA y Podemos, no consiguieron un acuerdo electoral, más por cuestión de posiciones en listas y supuesta posición en el reparto de cargos, que por grandes diferencias programáticas.

El PSOE por su parte quedaría también relegado a una peor posición que la obtenida en los comicios del 2023.

Sin duda el partido que más aprovechará la coyuntura será VOX, que puedo aprovechar su papel como socio del gobierno del PP para cargar contra el gobierno central, así como aprovechar su rechazo a este desde el pasado año, para bloquear el propio gobierno autonómico y llevarse parte del rédito del descontento con este.

Coyuntura económica

Para entender el escenario electoral, hay que tratar de entender la situación económica que vive Aragón y los cambios más recientes en ella y su proyección a futuro:

Aragón acompaña, e incluso supera levemente el rumbo del estado central en lo que respecta al crecimiento del PIB, con un aumento anual de cerca del 2,6% en el 2025. Estos datos son reflejo de la atracción de grandes proyectos de captación de capital extranjero en la región, principalmente centrados en la logística y la industria. Señalamos particularmente los proyectos de centros de datos de grandes corporaciones (Amazon, Blackstone, Microsoft, Box2Bit, Azora y Grupo Samca principalmente), que invertirían en la región hasta 44000 millones de euros. También el soplo de aire fresco al sector del automóvil con la implementación de una fábrica de baterías en Figueruelas por la empresa china CATL con una inversión de 4000 millones de euros. El auge de las empresas que están invirtiendo en energías renovables, pasando desde uno de los gigantes de los fondos de inversión como es Blackstone, a los jugadores locales como Forestalia. Se afianza la finalización de proyectos en la logística, como la inminente apertura del centro de distribución de Inditex en Malpica. Además, sigue en auge el proceso de concentración de capital y propiedades de la agroindustria, modificando y sepultando aún más el tejido rural de pequeños propietarios aragoneses, situación más que previsiblemente agravada por la posibilidad de la implantación del acuerdo europeo con Mercosur. Por último, señalar también el objetivo de búsqueda de inversores ligadas al turismo y la construcción que ha promovido el ayuntamiento de Zaragoza (construcciones nuevas de vivienda de lujo, venta de terrenos propiedad del ayuntamiento como los de Alumalsa o la venta de los lotes de viviendas vacías para fondos de inversión en el barrio de la Madalena). Además, sigue en auge la oferta turística del pirineo oscense, aún con una gran repulsa social como fue el caso de Canal Roya.

Estas novedades de captación de capital extranjero se consiguieron gracias a los beneficios fiscales y administrativos que ha facilitado el gobierno regional para estos megaproyectos. El PP ha sido un gestor eficiente para el gran capital internacional. Sin embargo, es preocupante la proyección real que pueden tener estos sectores, ya que especialmente los centros de datos, son una inversión basada en la especulación desorbitada que proyectan las grandes corporaciones tecnológicas. Hay muchos interrogantes abiertos todavía, y sin embargo una vez anunciada la posibilidad de grandes inversiones, sirve como una propaganda electoral tramposa, pues es bien posible que partes de esas inversiones no llegarán a materializarse. Poco les importa a ciertos políticos profesionales que seguro sacarán su rédito personal (legal o no) por la adjudicación de semejantes contrataciones. Es importante señalar que incluso si estas inversiones llegaran a buen puerto, tampoco están exentas de crítica. La previsión de estos centros de datos sería un cambio de modelo para la actividad productiva aragonesa, especialmente por una elevadísima demanda eléctrica. Algunos colectivos como “No a los centros de datos” apuntan en sus investigaciones a que Aragón pasará de ser un exportador de energía a tener que doblar su producción (o importación) eléctrica para soportar estos proyectos.

Lo mismo podemos decir sobre los peligros de profundizar en un abandono demográfico del medio rural y su ligazón con el empeoramiento de la crisis ecológica, que ya se está resintiendo (incendios, plagas de especies…). En vivienda, la apuesta por la atracción de capital extranjero centrado en la especulación ligada al auge del turismo, también proyecta mayores dificultades para el ya complicado acceso a la vivienda de la clase obrera.

En resumen, el modelo económico de “alfombra roja” para los megaproyectos que ha practicado el PP (centros de datos, venta de suelos públicos a precio barato…), así como la consolidación de cambios más largos que vienen ya de legislaturas pasadas del PSOE (modelo turístico, concentración de la agroindustria…) apuntan a que el crecimiento económico aragonés es profundamente desigual y no tiene como objetivo el beneficio de la situación de miles de trabajadores y trabajadoras aragoneses.

Coyuntura política

Hemos dado unas pinceladas de las estimaciones de resultados electorales, sin embargo, ciertos aspectos de las políticas de estos últimos años también han tenido mucho de propaganda y de un proyecto político cada vez más reaccionario.

El ataque a los derechos políticos y sociales de la clase obrera aragonesa no ha cesado.

En primer lugar por el ataque frontal, especialmente en Zaragoza, contra los espacios de politización y socialización proletaria: cierre de zonas jóvenes, pérdida de servicios públicos tanto culturales (Etopía, la Harinera), como de atención (casa de las culturas con una oferta de asesoramiento mucho menor, sobresaturación del albergue…) y también políticos (cierre y ataques a centros sociales, empezando por el CSC Luis Buñuel, luego el CSO Loira y hace escasos meses el CSO La fábrica de chocolate…).

En segundo lugar, por la persistencia en episodios represivos que han marcado la vida política en la ciudad, como el caso de los 6 de Zaragoza, el proceso represivo a la PAH de Zaragoza o de la CRT.

La criminalización cada vez más acusada de las personas migrantes y extranjeras como chivo expiatorio de los males de la sociedad.

Lejos de intentar paliar las dificultades económicas e integrar a las capas más precarias de la sociedad, se han dedicado a criminalizar y señalar los “problemas de convivencia” que su propio modelo social produce. El propio ayuntamiento del PP de Zaragoza es claro en su gestión: aumentar la vigilancia social mediante cámaras en toda la ciudad y desalojar a gente en la calle sin alternativa habitacional, haciéndole el juego sucio al auge reaccionario. Simplemente observar cómo mientras se vendía en el barrio de la madalena un lote de más de 500 viviendas propiedad del ayuntamiento, se criticaba la situación de sinhogarismo de cada vez más gente en el parque Bruil, a apenas 5 minutos a pie.

El poso de nacionalismo reaccionario español contra Catalunya como otro canalizador del descontento.

Desde el frustrado “Procès”, el españolismo anticatalán no ha dejado de ser otro coladero de ideas reaccionarias, especialmente en Aragón. A menos de un mes de la redacción de este artículo, el PP criticaba fuertemente al gobierno central por su financiación prioritaria a Catalunya a costa de Aragón. Lo cierto es que cualquier excusa es buena para el rédito electoral, incluso siendo que perder concursos de financiación estatal ha estado a la orden del día del gobierno aragonés.

Esta situación no es nueva y el auge reaccionario es real. No solamente en las acciones políticas gubernamentales, sino también en el auge de medios y difusión de ideas que perfilan y justifican cada vez más un mayor control social y de exclusión a colectivos “antiespañoles”.

Sin embargo, consideramos que el auge reaccionario no es responsabilidad exclusiva de la derecha, sino también del campo de la izquierda. Llevamos desde la moción de censura al gobierno de Rajoy escuchando la misma reclama de la izquierda reformista, que en resumen podría ser: “vótanos que viene el fascismo”. Pues bien, ni el gobierno central, ni los triunfos electorales pasados de coaliciones de izquierdas (tanto en el gobierno autonómico como en los ayuntamientos de las capitales de provincia) ha servido para un freno “al fascismo”.

Es más, señalamos que los proyectos reaccionarios gozan hoy en día de mejor salud, pues mientras la izquierda institucional se rasgaba por la caza de ministerios o sillones, abandonaba al movimiento social en la calle que fue su razón de llegar a gobernar.

No se puede frenar el auge del fascismo, mientras se gestiona el estado burgués y sus aparatos políticos y económicos en medio de una crisis del capital imperialista.

No faltarán nunca excusas para los que nunca tomaron en serio la transformación radical de la sociedad. Si gobierno en coalición la excusa es que soy miembro minoritario. Si gobierno un ayuntamiento no tengo competencias, pues corresponden a las provincias, sino a las CCAA, sino al estado central, a la UE y así hasta el infinito. Eso sí, no olvides votarnos que llega el fascismo.

Las medias verdades contadas para justificar la imposibilidad de conciliar los intereses de los banqueros y oligarcas con los de los trabajadores, han hecho una mella ya imposible de no percibir.

Mientras los medios bombardeaban con mentiras racistas, se compra el marco del auge del militarismo y se hipoteca cada vez más las posibilidades de emancipación de la clase obrera en este sistema, no se puede frenar el síntoma fascista que produce el capitalismo en crisis.

Hemos llegado incluso a escuchar por boca de nuestros socialdemócratas las bondades de la constitución monárquica post-franquista, evocando su brindis al sol del derecho a la vivienda, la igualdad formal en la sociedad capitalista o incluso el europeísmo como valores antifascistas.

La falta de cultura política y militante que nos ha legado la socialdemocracia desde que compró los marcos franquistas de la transición nos han llevado hasta aquí. Y no se puede avanzar hasta que comprendamos que ante un empobrecimiento cada vez mayor del grueso de la población (empeoramiento de servicios públicos, inflación, salarios miserables, imposibilidad de acceso a la vivienda…), los discursos parlamentarios no sirven.

El estado es una herramienta de opresión de una clase a otra, en nuestro caso de la burguesía imperialista apoyada en los aún presentes sectores reaccionarios como la iglesia y los terratenientes. El margen de actuación desde el estado para hacer política que transforme las condiciones de vida de la clase obrera a mejor es estrechísimo.

Sin musculo militante y capacidad de construcción de un poder nuevo que ponga en jaque a la dominación capitalista, estamos condenadas a perder una y otra vez.

No existe otra alternativa que no sea la organización de la clase para la conquista de sus propios intereses. Y en este sentido es donde nos encontraremos. Construyamos otra vez entre los parias de la tierra una herramienta que nos dé la oportunidad de luchar contra la sociedad burguesa. Construyamos otra vez un partido comunista digno de su nombre.

Este 8 de febrero, votes lo que votes
Ello seguirán mandando
¡Toca organizarse!

Ir a Arriba